F. A. Q

Rubén Espinosa: corrupción del gobierno, prensa vendida y precariedad del oficio

Es difícil entender la realidad del periodismo en México desde el exterior. Las noticias de sangre, narcotráfico y corrupción que traspasan sus fronteras nos vuelven insensibles. Este fin de semana, la noticia de un periodista asesinado en el corazón de la Ciudad de México ha hecho saltar las alarmas y puesto en evidencia la gravedad del problema de la prensa en el país.

Reporteros sin Fronteras ha denunciado 6 casos de asesinatos a periodistas en lo que va del año y 86 desde el año 2000. Por su parte, Amnistía Internacional denunció a principios de año el riesgo de que el sistema judicial mexicano se esté utilizando para perseguir a periodistas que son críticos con el gobierno. Hoy la muerte de Rubén Espinosa merece que se haga un balance de las causas, algunas mencionadas por él mismo la entrevista ofrecida a RompeViento

La corrupción del gobierno y el narcotráfico como cortina de humo

El narcotráfico representa la tragedia actual de México, sus actores se cuentan por millones y es un problema estructural de la sociedad mexicana. Por ello no es difícil imaginar que algún periodista forme parte de sus cárteles. Muchos se apresuran ya a culpar al narco de esta muerte, pero el narcotráfico también es un recurso fácil y simplista que se utiliza como una cortina de humo para esconder actos de corrupción e impunidad del Gobierno. Rubén Espinosa cubría temas de movimientos sociales, no de narcotráfico.

Según el observatorio “Elecciones y agresiones”,  realizado con el apoyo de Reporteros sin Fronteras, International Center of Journalists (ICFJ) y Freedom House, durante el último año electoral se registraron 58 agresiones contra periodistas. Dentro de las 58 agresiones, la más frecuente fue la amenaza con 16 casos, golpes con 12 casos, 7 ataques verbales, 6 robos o destrucción de equipo, 5 detenciones arbitrarias, 6 ataques cibernéticos, 2 campañas de desprestigio,  2 de acoso legal, 1 ataque de medios y una 1 agresión sexual. En 26% de las agresiones registradas hay un actor intelectual de algún partido político claramente identificado. Los periodistas no denuncian por vías oficiales, en la entrevista Rubén Espinosa confirma su desconfianza en las instituciones del estado “Yo no confío en la CEAP (Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas), yo no creo que funcione en realidad” y explica que la propia CEAP recomienda a los periodistas aceptar el dinero del gobierno.

La prensa contra la prensa: “mis compañeros me han llamado fotógrafo anarquista”

El gobierno tiene sin duda una gran responsabilidad pero no es el único actor. Para que el sistema de corrupción funcione es necesario un complejo engranaje donde la prensa ejerce un rol principal. Esta “prensa vendida” lejos de ser un instrumento de denuncia es el servicio de comunicación oficial de gobierno. Es también una tradición arraigada desde la dictadura de Porfirio Díaz que consolidó posteriormente el PRI y prevalece hasta nuestros días.

Todo periodista que haya ejercido el oficio en México tiene anécdotas al respecto. Todos lo hemos visto de cerca o de lejos, Rubén Espinosa narra cómo los directores de medios amenazan con despedir a quien participa en manifestaciones por la libertad de expresión: “En Veracruz los medios de comunicación están al servicio del dinero y de la corrupción; y no nada más estoy hablando de los directivos sino también de los reporteros y fotógrafos.”

En este contexto, los periodistas que denuncian son una minoría y por tanto vulnerables. El fotoperiodista explica en el video cómo sus compañeros de gremio publican columnas desprestigiando sus denuncias y ridiculizando sus acciones como la inauguración de una placa conmemorativa de la periodista Regina Martínez

Precariedad del periodista

Los salarios de los periodistas en los estados de la república no permiten sobrevivir de manera digna. El salario medio de un comunicador en Veracruz es de 5mil pesos al mes (275 euros). Una cantidad que permite la supervivencia de una persona pero no de una familia. Algunos comunicadores deben trabajar para varios medios de manera simultánea; otros, aceptan el puesto sabiendo que recibirán una paga extra por parte del Gobierno. Se crea entonces una relación de clientelismo entre el Gobierno y el periodista, un ¿Qué me vas a dar? En lugar de “qué te tengo que exigir”. Rubén declara “Los reporteros y fotógrafos se pelean por desayunos de 45 pesos (3 euros). Estamos hablando de algo realmente triste y es una prostitución de la información de una manera devastadora para la sociedad”.

Aunado a ello están las amenazas directas, primero el ofrecimiento de dinero y luego, si el periodista no acepta, la amenaza física y el insulto.

¿Podemos entonces juzgarlos por trabajar como comunicadores oficiales del sistema?

Indignación sin paliativos

Mi primera reacción ante la noticia de la muerte de Rubén Espinosa fue la incredulidad, mi instinto me impulsó a investigar y descubrir a un ciudadano común y corriente. Un periodista que podría ser yo misma publicando fotos y participando de la vida asociativa de mi comunidad, él no buscaba ser un héroe. Se sintió amenazado y se alejó del peligro pero aun así encontró la muerte. La indignación llega entonces sin paliativos. El problema de fondo es el acceso a la justicia, la reparación de daños y la normalización de la violencia. ¿Hasta cuándo?

Las redes sociales se inundan con consignas contra el gobierno y de forma justificada pero también es tiempo de hacer una autocrítica como periodistas y como ciudadanos. Dónde está nuestra responsabilidad en la realidad que hoy sufrimos como mexicanos y qué podemos hacer para cambiar las cosas. Me niego a acostumbrarme y hago lo único que sé hacer como periodista: escribir y denunciar.

Foto: The Guardian -STR/EPA

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